La idea empresarial
Perfil de la emprendedora
 

La idea empresarial

Desde que surge la idea empresarial hasta su consecución debemos seguir unos pasos imprescindibles para que su futuro funcionamiento sea correcto y sin sobresaltos. Hay que diseñar y describir la idea hasta el último de sus detalles, para lograr su consecución conforme a lo planeado. 

En primer lugar debemos situarnos. Es imprescindible conocer cual es la posición personal de la emprendedora ante el autoempleo, ser consciente de los distintos factores que influyen (tanto personales como familiares y sociales) y actuar en función de los mismos. 

En este primer paso se deben definir las ideas previas que la emprendedora tiene sobre lo que es el autoempleo y por qué ha pensado en ello, evaluando las ventajas e inconvenientes que conlleva. 

En segundo lugar tendremos que valorar nuestra posición ante el autoempleo. Es necesario ser conscientes de las motivaciones, capacidades y cualidades que nos caracterizan y que nos influyen en nuestro posible perfil de empresaria. 

Es necesario adoptar una actitud crítica ante la idea, observando los puntos débiles y los fuertes, tanto de personalidad como de perfil profesional que vayan a influir en la consecución del proyecto, para evaluar su posible éxito. Esto, requiere ser consciente de nuestra preparación personal y formativa, así como de la experiencia acumulada a lo largo del tiempo. 

Para ello, la emprendedora debe examinar cuales son sus habilidades y competencias, cómo las hemos adquirido y para qué nos pueden ser útiles como empresarias. Con esto, habremos hecho la parte más difícil pero menos conocida y trabajada de un proyecto empresarial. 

En tercer lugar, debe pensar creativamente. Una vez que ya nos hemos situado y valorado nuestra posición frente al autoempleo, observaremos con actitud crítica la creatividad de la idea.

En muchas ocasiones las ideas nacen de la pura casualidad, mientras que en otros casos surgen de una dilatada experiencia en el sector de la propia idea. Así, éstas pueden surgir de:

  1. La observación de la vida económica

  2. Observación en el lugar de trabajo y experiencias laborales propias.

  3. La vida cotidiana

  4. Cambios legislativos

  5. Hobbies, atracción y gustos personales

  6. Nuevas formas de comercialización

  7. Relaciones sociales y nuevas tendencias

  8. Propuestas profesionales

  9. Iniciando una franquicia

  10. Consultando revistas especializadas

  11. Como desarrollo tecnológico

  12. Últimos avances tecnológicos

  13. Productos y servicios ofrecidos en otros países.

Por tanto, debemos identificar qué sabemos hacer, qué necesidades existen en el mercado y cómo podemos cubrirlas para, sobre la base de ello, optar por la mejor de las ideas. Tras haber finalizado los tres pasos anteriores solo nos resta Emprender. Una vez surja la idea y la emprendedora se haya situado frente a ella, valorando todos sus aspectos, es el momento de tomar la decisión. Si decide continuar adelante con la idea, deberá conocer a la perfección el mercado en el que se va a mover para saber si se trata de una idea realista y si es viable técnica y económicamente.

No es suficiente con tener una idea buena y novedosa, sino que su puesta en marcha requiere de un minucioso estudio que debe partir de la propia empresaria, examinando todo cuanto la puede rodear y pueda tener una influencia, positiva o negativa, en el desarrollo del proyecto empresarial.

Todo negocio naciente conlleva un alto grado de incertidumbre, pero cuanto mayor es nuestro análisis de la idea menores serán los riesgos y podremos atenuarlos.